Es sabido que California fue la cuna del movimiento hippie: drogas lisérgicas, activismo por los derechos humanos, movimientos pacifistas y amor libre fueron algunas de las consignas nacidas en este estado durantes la década del 60.
Con el tiempo, algunas de estas almas libres mutaron en diseñadores, creativos y ejecutivos de las empresas de tecnología que prosperaron en Silicon Valley. Y aunque esta transformación de hippies a corporativos haya sido exitosa, no por ello han perdido las viejas costumbres, entre las que se puede mencionar el veganismo y la última excentricidad que ya es moda: raw water, o agua cruda, agua de manatial sin filtrar y sin esterilizar.
Los argumentos que emplean los defensores de esta tendencia es que el agua corriente tiene cloro, fluoruro y pasa por tuberías que contienen plomo. Además, alegan que el tratamiento del agua anula los probióticos, bacterias saludables para el organismo. Pero lo más llamativo es que hay empresas que embotellan agua cruda y la venden, al punto que han logrado buenos beneficios. Live Water, de Oregon, comercializa garrafas de 9.5 litros por encima de los 30 dólares, mientras que Tourmaline, embotelladora de Oregon, hace un negocio similar.
Por su parte, Zero Mass Water, otra ascendente empresa de Arizona, instala sistemas para captar agua de la atmósfera, mientras que otro negocio de San Diego llamado Liquid Eden vende más de 3.000 litros diarios de agua libre de cloro y fluor. Todo indica que este negocio de nicho no puede sino florecer.
Lo cierto es que a pesar de la incipiente tendencia, cada año mueren 500.000 personas debido a las enfermedades derivadas del agua, como diarrea o cólera. Según el bioquímico José Mulet, “este tipo de comentarios son absurdos si tenemos en cuenta que la falta de agua potable causa más muertes que la guerra”.
Es más, Donald Hensrud, un experto en la materia declaró a The New York Times que el agua sin tratamiento tiene riesgos crónicos como las bacterias que producen la E. Colli, virus y parásitos varios e incluso compuestos cancerígenos. Si a eso se le suma, a nivel local, el arsénico que hay en las capas freáticas de las Provincia de Buenos Aires, da como resultado un cóctel hídrico de lo más desaconsejable.
¿Te la jugarías con un vaso de agua cruda?
En el marco del St. Moritz Gourmet Festival, entrevistamos al cocinero indio que triunfa en…
Yiyo el Zeneize, en el sur de la ciudad de Buenos Aires, fue fundado por…
El local, especializado en esa bebida, fue uno de los pioneros del polo gastronómico en…
Las clásicas milanesas de gírgolas, meriendas contundentes o manjares dulces y salados. Propuestas para todos…
Cada 6 de abril se festeja el Día de la Empanada, el gran clásico plato…
Churrería Olleros es un emprendimiento familiar que sigue cocinando sin medir cantidades ni la temperatura…