Es una botella de vino que se estima data del año 325 y que habría sido envasada durante la época de los romanos. La botella está intacta, aunque no fue encontrada recientemente. En realidad, fue hallada hace ya un siglo y forma parte de la colección del Museo del Palatinado, en Alemania, país donde fue descubierta.
¿Por qué los científicos no quieren abrirla? En su interior posee vino de Speyer, llamado así por la localidad alemana donde se encontró una tumba romana con la botella en su interior. Se sabe que el vino fue elaborado con uvas provenientes de los viñedos de la región, plantados por los romanos cuando ocupaban esa parte de Europa.
Para los especialistas, lo que hay en su interior ya no puede ser considerado como si fuera vino, ya que buena parte es masa sólida y oscura, rodeada de un líquido de color blanco. Pero todos están sorprendidos respecto de cómo pudo conservarse tan bien el contenido. Por un lado, estiman que se debe al sello de cera que posee la botella en su parte externa, pero en su interior también detectaron que el vino pudo haber sido protegido por una capa de aceite que habría impedido su evaporación.
Finalmente, los expertos decidieron que lo mejor era dejarla tal como está, por el riesgo de que, al abrir la botella, su contenido pudiera evaporarse al entrar en contacto con el aire. Por si acaso, ya avisaron que el producto en que se transformó el vino no podría afectar la salud de nadie que se decidiera a abrirla.
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