A todos nos pasó de comprobar los exorbitantes precios de las comidas que se sirven en los aeropuertos. Al compararlos con los mismos productos comprados en un supermercado o bar de las ciudades vecinas, los valores pueden llegar a triplicarse en las estaciones aéreas.
Lo lógico es pensar que las tiendas se aprovechan de los viajeros que se encuentran allí, esperando sus vuelos, condenados a la oferta cuasi monopólica de estas tiendas.
En realidad, el motivo es un poco más complejo. Los ingresos de los aeropuertos se dividen en dos partes iguales: una es llamada “aeronáutica” (representada por el precio que cobran a las aerolíneas por despegar y aterrizar), y la otra es la “no aeronáutica” (estacionamientos, concesiones, hoteles). La proporción de las concesiones (comida, bebidas y tiendas) abarca el 60% de esos ingresos.
Aunque te parezca difícil de creer, la mayoría de los aeropuertos fija un techo máximo a los precios que se ofrecen en las tiendas de alimentos y bebidas, que no puede superar el 15% de los precios en la calle. Pero fijar el precio “de la calle” puede ser complicado, porque no está bien definido (puede ser un puesto callejero como uno en un cine, con su variabilidad de precios).
Además, no todos los aeropuertos controlan que ese techo se cumpla, pero sí se toman el trabajo que no haya competencia gastronómica en los alrededores, o que los viajeros tengan que circular por las tiendas duty free y los bares para poder llegar a las puertas de embarque. Además, la obligatoriedad de llegar con tanta anticipación es otro truco para impulsar el consumo una vez adentro de la estación aérea.
Sin embargo, hay otros problemas que tienen que enfrentar los concesionarios de los aeropuertos que explican por qué sus precios son tan elevados. Los alquileres de los locales son también exorbitantes, así como mayores costos de construcción, el costo de seguridad interna (los restaurantes, por ejemplo, tienen que controlar que nadie se robe cuchillos), la logística y los sueldos son más caros (porque los viáticos de los empleados son superiores). Por otra parte, el aeropuerto exige un porcentaje de las ganancias que obtenga cada café o bar, el cual crece a medida que crece la facturación.
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