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Kari Gao, la influencer china que conquistó las redes con recetas para chicos

Dedicada a la alimentación para la familia con el foco puesto en la primera infancia, la cocinera hace furor en las redes.

El cursus honorum de un cocinero suele ser ascendente: de la bacha o las islas de servicio a asistente de menú, sous chef, chef ejecutivo (o propietario) pero, por lo general, pegado a los fuegos.

Sin embargo, hay casos atípicos, como el de Karina Gao, que es una cocinera e influencer verdaderamente heterodoxa. Karina es una joven madre de gemelos de origen chino, llegada como inmigrante a la Argentina a la edad de 9 años, administradora de empresas egresada de la Universidad Di Tella, casada con un francés, con un master realizado en París y afincada en Buenos Aires. A partir de su fama en la redes lograda en Instagram con Mon Petit Glouton, que tiene casi 150.000 seguidores, es que escribió un exitoso libro de recetas infantiles.

Cucinare: ¿La economía y la gastronomía son dos mundos muy diferentes?

Karina Gao: No son mundos tan diferentes; un cocinero tiene que ser un buen administrador, tiene que manejar costos y personal. Hoy, más que cocinera soy más bloguera e instagramera; mi tarea es una combinación entre cocina, fotografía y marketing, porque en realidad estoy vendiendo, vendiendo una receta o un producto, así que hay una conexión con mis estudios.

C: ¿Cómo es que una experta en banca privada terminó siendo cocinera? ¿Tuviste una epifanía profesional?

KG: Te aclaro que la gastronomía siempre me apasionó. En la banca de inversión el trabajo que realizaba era muy abstracto; sólo había números y decisiones acerca de esos números, pero poco contacto con lo real, a diferencia de la gastronomía, que da satisfacciones inmediatas y palpables. Cuando subo una receta y, al día siguiente, la gente las reproduce en sus casas, me genera un impacto mucho más fuerte.

C: ¿Cómo comemos los porteños?

 KG: Para mí vamos mejorando. Somos pocos aventureros y muy marketineros (lo que está a la moda se sigue al pie de la letra), pero también demasiado excesivos porque acá comemos mucha cantidad.

C: ¿Por qué hay gente que es ciega frente a un tema como la importancia de la alimentación infantil?

KG: Somos una generación de quiebre; nacimos en una época en que las mujeres salieron al mundo laboral. Y muchas empresas de productos alimenticios aprovecharon esa situación, sobre todo con productos ultraprocesados que prometen soluciones rápidas y fáciles. Pero hay recetas sanas, reales, que se pueden hacer en casa fácilmente; la clave pasa por pensar, planificar los menúes. Hay que ser más piola en la logística.

C: ¿Qué sugerís para vencer la resistencia del paladar infantil?

 KG: Siempre digo que hay que usar facilitadores. Por ejemplo, si los chicos comen pasta regularmente, en vez de salsa de tomate, le agregas zapallito o calabaza: a lo que sea que coma con facilidad se le agrega un ingrediente nuevo. ¿Y si no le gusta? Deja que lo saque, pero que sea él quien se tome el trabajo, no vos. Si el padre o la madre directamente lo saca, no va a tener opción de experimentarlo. Además, con un ingrediente nuevo que produce rechazo hay que intentar varias veces, al menos 15 para que sea aceptado. Me pasó con mis hijos con la manzana; si la hubiera sacado del menú no la habrían probado. Ciertamente no hay que obligar, pero hay que mostrar a fin de que se familiaricen.

C: ¿Qué se hace con las viandas escolares?

KG: Tienen que ser prácticas, que se puedan agarrar con las manos. Los chicos quieren comer algo rápido porque quieren ir a jugar. Si vos le das algo complicado, como unas lentejas a un chico de 5 años que no agarra bien la cuchara, las va a dejar para ir rápido al recreo. En cambio, si le das unas croquetas de espinacas, milanesas cortadas o tomates cherry, le va a resultar más sencillo, o unos brócolis blanqueados para que las coma con más facilidad.

C: ¿Te estás dedicando al batchcooking (N de la R: cocinar todo un día de la semana y freezar)?

KG: El batchcooking no es nuevo, era algo que ya hacían las abuelas y que yo también hago: cocinar y freezar. Lo que se cocina hoy se aprovecha mañana. Pasa por economizar tiempo y energías. Y cuando estás cansada y querés pedir un delivery, ya tenés algo preparado en la heladera.

¿Conocías a Karina Gao?

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