“Hacemos cocina mendocina, con productos locales”, resume Carlos Hernández, el chef de Fuente y Fonda, uno de los restaurantes más populares de la ciudad de Mendoza. ¿La razón? Una propuesta que conquistó a locales y turistas con sus platos generosos y abundantes, pensados para compartir y que se sirven en fuentes de metal esmaltado o en ollas, en el medio de la mesas.
Canelones de verdura, milanesas de nalga a la napolitana, matambre a la pizza, ravioles de espinaca y queso, estofados y pastas son algunos de los platos que suele haber en carta, nunca más de diez opciones.
Como en cualquier casa mendocina, se arranca con una sopa y luego se sigue con el principal. El hit es el pastel de papas (gratinado y dorado por arriba) que llega a la mesa junto con dos frascos -uno de azúcar y otro de canela- para que los comensales le agreguen a gusto.
Un detalle que sorprende: tanto el agua como los postres no se cobran, están incluidos en el pedido del principal. La opción dulce cambia con frecuencia, de acuerdo a lo que el chef consiga en el mercado, pero suele haber flan con dulce de leche, manzana asada con crema y duraznos caseros (nada de lata) con mote.
Simple, austero, entrañable. Fuente y Fonda abre todos los días al mediodía y a la noche e invita a la añoranza por la casa de la abuela, con todo lo bueno que eso implica: compartir una rica comida casera junto a gente querida.
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