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Sandía: historia de la fruta que se nació como un oasis en el desierto

Con el calor hay pocas cosas más atractivas que una rodaja fresca de sandía, un producto con más de 5.000 años de vida.

A días de realizarse la quinta edición de la Fiesta de la Sandía, en Santa Ana, Entre Ríos, es bueno conocer las bondades de este refrescante producto de verano, que es cuando se disparan las ventas. Por supuesto, tiene sentido comprar sandía durante esta temporada ya que el 92% es agua.

Básicamente, es una planta rastrera que da un enorme fruto de color verde que crece en regiones tropicales y subtropicales. La cáscara es de color verde oscuro o claro, según el tipo, pero la pulpa, dulce y tierna, es de un atractivo color rojo subido. A diferencia del melón, las semillas están desparramadas por toda la pulpa.

La sandía era una de las favoritas de Mark Twain, quien una vez comentó que “cuando uno ha probado, sabe lo que comen los ángeles”. Y si bien los humanos consumieron la fruta durante 5.000 años, llevó siglos lograr las variedades ideales para producir la fruta roja y dulce que se consume hoy.

La palabra sandía en realidad se refiere a varias especies diferentes de frutas, muchas de las cuales son el resultado de cultivos selectivos. La sandía original era oriunda de África, donde se encontraron semillas que datan de unos cinco milenios atrás.

Sin embargo, estas grandes frutas eran muy diferentes de las sandías que comemos hoy. El interior de la antigua variedad silvestre era exactamente lo contrario de la fruta actual: no era ni tierna, ni dulce ni de color rojo brillante, sino dura, pálida e inmensamente amarga.

Además, en las tumbas egipcias se encontraron vestigios que indicaban que era oblonga…. En un clima desértico como Egipto, había pocas cosas más valiosas que el agua; es que un alimento que contenía el 92% de agua era un recurso fabuloso. Además, las sandías, a diferencia de la mayoría de las frutas, pueden permanecer comestibles durante semanas si no se cortan y se almacenan en un área fresca y seca. Pero a pesar del alto contenido de agua las sandías de antaño eran desagradables para comer.

Se sabe que los humanos comenzaron a experimentar con la mejora de variedades de cultivos desde hace 6.000 años. Dentro de ese lapso de tiempo, los egipcios comenzaron el proceso para evitar los rasgos indeseables de la sandía, como el sabor amargo y la textura dura. Pero no fueron los únicos: a medida que el comercio entre civilizaciones se hizo más común, la fruta se extendió por todo el mundo y cada grupo de personas comenzó a cultivar sus propios retoños de sandía que coincidían con los rasgos deseados que querían en la fruta.

Además del gusto, otros rasgos cambiaron, como el color pálido a rojo brillante (el contenido de azúcar de la sandía está ligado a la presencia de un gen que también afecta la pigmentación de la sacarosa; en otras palabras, cuanto más dulce, más rojo), y también la forma.

En la Argentina se cultiva en las provincias de Formosa, Chaco, Corrientes, Misiones y Entre Ríos. Hay varios tipos como la Jubilee, de fruto largo y rayado, muy resistente y de pulpa roja, Charleston Grey, Sugar Baby, Crimson Sweet. A la hora de elegirla, tiene que sentirse “pesada”, y si se la golpea con los nudillos no tiene que sonar hueca. Una vez cortada, conviene guardarla en la heladera recubierta de un film ya que sólo aguanta 3 días.

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