Ahora que viene el otoño, pocas cosas son más reconfortantes que un café, sobre todo si uno lo hace en casa. Una de las opciones más populares para los fanáticos de la cafeína en el capuchino, que no es sino un café espresso con una buena cantidad de leche espumosa, montada con vapor, y se lo suele coronar con canela.
El nombre le viene porque luego de la batalla de Kahlenberg, en 1683, que fue cuando los turcos estuvieron a punto de tomar Viena, las tropas cristianas vencieron a los otomanos y se quedaron con las vituallas que abandonaron. Entre los pertrechos se encontraban sacos de un café muy robusto que, para suavizarlo, lo mezclaron con leche y miel, lo que dio un color marrón claro muy particular, similar a los hábitos empleados por los frailes capuchinos, de la Orden Franciscana.
Curiosamente, de esa batalla también saldrá la medialuna ya que, durante el sitio de Viena, los panaderos, que trabajaban de noche, escucharon a los zapadores turcos y dieron aviso a la guarnición, que gracias a un contraataque impidió el ingreso de los turcos a la ciudad. El emperador Leopoldo I condecoró a los panaderos y estos, en agradecimiento, hicieron una factura con la forma de la medialuna islámica, una chanza hacia los vencidos a los cuales “se los podía comer de un bocado”.
Pero volviendo a la túnica marrón de los capuchinos que sirvió para nombrar a esta nueva preparación de café, también le puso nombre a la pieza de tela que llevan camperas y buzos, las capuchas, que tanto se usan hoy día.
Cucinare le preguntó a José Vales, maestro cafetero y socio de Coffee Town cuáles son los pasos a seguir para elaborar un buen capuchino, y dijo: “Lo que vos ves como capuchino en un café porteño, no tiene nada que ver con la realidad. El capuchino es un café espresso (corto), que se completa con un tercio de espuma de leche y otro tercio de leche caliente líquida. Ni más ni menos. Todo lo demás, como la crema, la canela y los toppings, son inventos locales. Cuando nosotros servimos un capuchino académico, a veces los clientes se decepcionan porque esperan otra cosa, pero eso que buscan no se condice con la realidad del capuchino vienés”, concluye el experto.
¿Alguna vez probaste de hacer un capuchino?
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