Hay que pensar en los alfajores como la golosina favorita de los argentinos, cuando a mediados del siglo pasado la competencia en rubro golosinas no era ni tan prolífica ni tan feroz como ahora. En esos tiempos, nacieron varias marcas emblemáticas, entre las que se cuenta Jorgito.
Dice Jorge D’Agostini en su libro Alfajor argentino, historia de un ícono, que “un grande que da los primeros pasos en los 50 es Jorgito, quien luego se expandirá fuertemente en los 60, con base en su fábrica en Boedo. De esta década vale recordar marcas como Dampier y Zupay, creador del alfajor doble gigante (así decía su slogan), pero que tenían su planta industrial en La Pampa”.
Los artífices del éxito de la marca fueron José Antonio Fernández y Amador Saavedra, que compraron una fábrica en operaciones de panificados y decidieron deshacerse de la producción los bizcochuelos y facturas para continuar con los alfajores. Durante la década de 1960 el marketing estaba en pañales, pero el dúo tuvo la brillante idea de comercializarlos en colegios y canchas de fútbol, además de concentrar sus esfuerzos de promoción en las radios AM, estrategia que con el tiempo dio sus frutos.
Su producto insignia es el alfajor clásico relleno de dulce de leche recubierto de baño de repostería negro, aunque también tienen un maxialfajor de tres tapas, alfajorcitos bañados en chocolate negro o azucarados, conitos y varios productos más.
No se sabe a ciencia cierta el por qué del nombre de la famosa marca de alfajores, pero según cuenta Facundo Calabró en su libro En busca del alfajor perdido, “Cacho Fernández, hijo de aquel José Fernández, conjetura que ‘Jorgito debe ser un señor de muchos años, de sesentilargos seguramente, que nunca conocimos. Es un fantasma’. Su hipótesis es que el muchachito del logo —un logo elemental, casi un bosquejo— representa al hijo del fundador. Imposible comprobarlo. El hecho es que aunque todos los alfajores de la época recurrieran a figuras infantiles para promocionar su producto, desde Guaymallen a Zupay, la sonrisa entre pícara y diabólica y el cabello engominado del niño Jorgito tenía algo especial”.
Otro hito de la marca es cuando en 2005 lanzaron el célebre eslogan de Jorgito: “El nombre del alfajor”, que por algún motivo se ancló en la mente y el corazón de sus clientes. Pero la habilidad es que con casi cinco décadas de vida supo explotar ese aire retro, vintage, de una forma muy astuta y simpática. Actualmente Jorgito tiene un 14% del mercado nacional de los alfajores.
¿Conocías la historia de Jorgito?
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