La pandemia ha generado en los Estados Unidos varias transformaciones que jamás se hubieran imaginado si no hubiera existido el coronavirus. La más espectacular fue el multimillonario paquete de ayuda económica de más de 2 billones de dólares para las familias y desempleados que se aprobó en abril pasado, inédito en casi un siglo de capitalismo estadounidense.
Pero en materia laboral, Nueva York también dio un gran paso: se prohibió el despido de los empleados de las cadenas de comidas rápidas, uno de los sectores más vulnerables en materia de empleo.
Esta legislación social, más acorde a democracias europeas que a los Estados Unidos, impide los despidos sin justa causa y de los trabajadores de mayor antigüedad.
“Los trabajadores de comida rápida han sido sometidos a entornos laborales injustos y han sido víctimas de una reducción injusta de horas o despidos arbitrarios, lo que los ha llevado a vivir en un estado constante de incertidumbre”, dijo la concejal Adrienne Adams, una de las promotoras de la legislación.
Y agregó: “Estos empleados se levantan antes del amanecer o trabajan durante la noche, viajan por horas al trabajo, realizan trabajos extenuantes y se pierden las comidas con sus propias familias“.
La reglamentación se va a aplicar a las grandes cadenas nacionales que posean 30 o más sucursales en todo el país. Los pequeños comercios locales quedan exceptuados de la prohibición de despidos.
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