Una famosa marca de símil chocolate para diluir despertó polémica en las redes sociales. Hace unos días, se viralizó un tuit donde se comparaban dos paquetes de la misma marca en una góndola. Una usuaria observó que el envase que contiene menos azúcar, y encima pesa menos, tiene un precio más elevado que la versión estándar.
La crítica que subyace es que, siendo un producto infantil, la empresa debería impulsar el consumo de las versiones más inocuas para la salud, cuando en realidad sucede todo lo contrario: la supuestamente más sana es más cara, y la más dañina, más accesible. Pero, ¿es realmente así? ¿Qué debería hacer el consumidor promedio frente a esta disyuntiva?
Cucinare consultó a dos autoridades en la materia. Yanina Feler, nutricionista y docente del IAG (Instituto Argentino de Gastronomía), asegura que “en nuestro país la problemática nutricional más importante es la obesidad con desnutrición oculta. Cada vez desde edades más tempranas se observa la incidencia de esta enfermedad. El sedentarismo, el alto consumo de alimentos fuentes de hidratos de carbono sobre todo ricos en azúcares son los responsables de esta epidemia que va en aumento”.
“Si bien hay campañas y se está trabajando mucho en la difusión de hábitos saludables, de las guías alimentarias que priorizan el consumo de alimentos saludables (frutas, verduras, etc), la industria de los alimentos no siempre colabora en este aspecto. Es uno de los negocios más importantes a nivel mundial, y las estrategias de marketing y venta apuntan a qué se consuma y se continúe consumiendo. No siempre lo que nos venden es lo mejor, lo más adecuado”, agrega Feler.
Respecto al tuit, la profesional dice que “si bien es cierto que una mejor cantidad de producto con menos azúcar es más caro, continúa siendo un alimento muy, muy alto en azúcar, no recomendable para la población infantil. Y esto da para pensar varios disparadores: ¿es quizás una estrategia de marketing? ¿Más saludable es más costo? Menos azúcar, más cacao es mejor. ¿Es por eso que es más caro? ¿Cuenta con mejor calidad de nutrientes y por eso sale más? ¿Debería costar menos porque es más sano…?”.
Y concluye: “Lo que hay que entender que el objetivo de las empresas es vender. Por eso resulta fundamental que los profesionales de la salud podamos enseñar a los consumidores a elegir a conciencia”.
Por su parte, la periodista e investigadora Soledad Barrutti, autora de Malcomidos, nos cuenta que que lo “light” brinda una licencia a las marcas para poner precios más altos. “Por ejemplo, un edulcorante, que es más barato que el azúcar, lo venden más caro bajo la falsa promesa de que es más saludable. ¿Cómo se puede defender el ciudadano frente a esta situación? En primer lugar, es necesaria una ley de etiquetado que sea clara, y una ley de salud alimentaria, como parte de una política pública. Además, los consumidores deben informarse y leer la lista de ingredientes de los paquetes, y no dejarse guiar por el centro del mismo, que es publicidad”.
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