Como si fuera un lento goteo interminable, los emblemas de la riquísima gastronomía porteña se van apagando uno a uno. Desde que la pandemia de coronavirus profundizó la crisis económica que ya afectaba a la Argentina, el sector gastronómico no para de ver reducirse el número de establecimientos, como si fuera un helado que se derrite al sol.
Justamente, el último ícono de esta incesante despedida es la heladería más antigua del país, mérito suficiente para que el Gobierno porteño evitara este triste final. Se trata de El Vesuvio, la heladería fundada en 1902 por la familia Cocitore, inmigrantes italianos como todos los que desarrollaron la industria del helado artesanal en la Argentina.
Si bien había sido declarada Sitio de Interés Cultural por el gobierno porteño, la crisis pudo más y no pudo atender a sus tradicionales clientes de la zona del Obelisco desde que se inició la pandemia.
Es una parte muy importante de la historia culinaria nacional que se va con El Vesuvio: fue la primera en contar con una máquina manual de hacer helados, que debía ser operada por dos operarios para mover la manivela del gran cilindro de cobre que fabricaba los helados sin energía eléctrica, y solo con el aporte de hielo y sal.
Personajes famosos como Carlos Gardel, Juan Manuel Fangio, Alfredo Palacios, Luis Sandrini y Jorge Luis Borges, entre muchos otros, pasaron por la heladería. Y Astor Piazzolla, con letra de Horacio Ferrer, le dedicaron una mención en el tango “La última grela”, hoy toda una premonición de lo que finalmente está sucediendo.
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