Ya sea que uno compre la horma y lo ralle o, en su defecto, lo adquiera en una bolsita de supermercado, siempre está presente en la mesa.
El queso rallado es ideal como ingrediente para sopas, salsas y platos a base de pastas. Pero rallar queso no es soplar y hacer botellas, por más que lo parezca, ya que ese menester tiene su arte.
Cuenta Brigitte Engelmann, autora del Manual del Gourmet del Queso, que los ralladores son utensilios muy útiles para rallar los quesos de pasta dura con poco tenor graso, además de los quesos extraduros. Para los cortes rígidos resulta apropiado utilizar ralladores con agujeros chicos; de esta forma, durante el rallado, se obtienen finas tiras de queso.
Para los quesos semiduros, son mejores los ralladores de agujeros grandes, que dan como resultado tiras de queso de mayor tamaño. Tanto las tiras finas como las gruesas sirven para aderezar platos gratinados, y pueden añadirse a las ensaladas. Para rallar o raspar trozos de queso también hay molinillos, algunos de los cuales son sumamente sofisticados y costosos, ya que tiene un pequeño motor.
Algunos optan por el cuchillo raspador, poco usado en la Argentina, que resulta muy útil para hacerse de tiras delgadas, en bloques de queso de pasta dura o de corte; otro tip es el aprovechamiento de las cortezas, que se pueden raspar sin esfuerzo en capas delgadas.
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