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Restaurants donde los platos llegan solos sin la intermediación de ningún mozo

Agua Asian Bites y Tapas Madrí, del mismo dueño, utilizan una cinta transportadora y agua para que la comida llegue a los clientes.

Nunca fue más cierta la reflexión del célebre cocinero Dante Liporace, cuando recientemente afirmó que los restaurantes que prevalecerán son aquellos que aporten algún rasgo saliente, distintivo de la media, ya que la gente quiere experimentar cosas diferentes.

Es el caso de Agua Asian Bites, una audaz propuesta de Tomás Harguinteguy apalancada en cocina pequeños bocados o tapas de cocina asiática.

La novedad no pasa por la gastronomía en sí, sino por la logística, ya que el local cuenta con una suerte de barra que recorre el local por la que circula un río, de forma que los platos llegan al cliente…navegando.

Sería algo similar al kaitén que usan los japoneses, una cinta sin fin por la que circulan platitos con porciones de sushi y sashimi (en Buenos Aires hubo un establecimiento llamado Tô), sólo que en este caso el vehículo en una acequia.

De la cocina salen flotando dumplings, pad thai, butter chicken y nems, entre otros bocados (la unidad cuesta $ 600 y al final de la comida se cuentan los platitos).

También ofrecen platos de resistencia que cuestan un promedio de $ 2.500, como el Dancing Pad Thai, Amok (plato camboyano de curry de pescado blanco y pak choy cocido al vapor acompañado con arroz), el Crunchy pork (cerdo curado, marinado en salsa asiática y horneado en costra de sal con puré de boniato), y Yakiniku & Tempura (un plato japonés de pinchos de lomo en salsa teriyaki acompañado con un mix de vegetales y setas en masa tempura).

Agua queda en El Salvador 5632, Palermo, y conviene hacer reserva.

Pero Harguinteguy no se quedó varado en su propuesta acuática, sino que también es socio en un proyecto similar, pero en versión magnética e hispana.

Sí, porque en esta versión de tapeo castellano llamado Tapas Madrí, ubicado en Carranza 1859, los platitos recorren la barra montados sobre una cinta magnética.

Por supuesto, mucho ha cambiado desde la época en que en los bares “cutres” madrileños se bebía acodado en la barra, con la pata de jamón curado y la tortilla en la trasera, pero el espíritu sigue siendo el mismo.

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