Julio Meijeldín, un inmigrante libanés sin experiencia previa en la gastronomía, decidió probar suerte en Argentina en 1920. Sólo traía una receta de su madre y empezó a preparar fatay con los ingredientes que encontró en su nuevo hogar.
Meijeldín, quien cambió su nombre a Julio Félix al llegar al país, no tenía acceso a las especias típicas del Líbano. En el sur del mundo, se encontró con un país rico en materias primas: carne de calidad, verduras frescas y trigo, que le permitieron adaptar la receta sin perder su esencia.
Rápidamente, su emprendimiento, la Panadería Árabe Fatay, se convirtió en un referente en el barrio porteño de Floresta, donde se mantiene desde hace 104 años y actualmente es manejada por la cuarta generación familiar.
La panadería se transformó en una opción ideal para los que llegan hasta la zona comercial de la avenida Avellaneda para buscar ropa a buenos precios.
Damián Félix es el bisnieto del fundador y explica que aunque los métodos se modernizaron, la esencia artesanal se mantiene. Las fatay se siguen cocinando igual desde hace un siglo y el armado sigue siendo a mano.
El menú de la Panadería Árabe Fatay incluye fatay de carne suave, verdura y queso, cebolla y queso, y carne picante. También ofrecen la variante abierta.
La recomendación de la casa es disfrutar las fatay con un toque de jugo de limón, que se ofrece por separado para que cada cliente lo agregue a su gusto. La carne utilizada tiene una proporción de 70% carne magra y 30% grasa. Además de fatay, la panadería elabora pan árabe y baklava artesanal, un postre típico de Medio Oriente.
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